Con su nuevo álbum, Guadi Galego se marca un retorno que la aúpa a las ligas mayores del pop español y refrenda la actual edad de oro del pop gallego.
Qué: Disco (Altafonte)
Decidida a dar un imponente paso adelante, eso es lo que se transluce tras la escucha de un álbum como Costuras, trabajo que arranca con el tema titular, delicioso e hipnótico pop etéreo de alma trip hop, donde salen a la luz las bondades mostradas por Olivera Estudi en la producción, hecha a la medida exacta de una Guadi Galego que, así como en Canción popular, amolda su meloso tono vocal entre percusiones en penumbra, tiernas voces infantiles y todo un crisol de soluciones, siempre enfocadas desde la puesta en escena minimal.
Esta dinámica es la adoptada a lo largo de las diez canciones que dan vida al trabajo más arriesgado e inspirado que la música gallega se ha marcado hasta el momento. No puede ser de otra manera ante los infecciosos pellizcos funk de O que ha chegar o en el voluptuoso estribillo de Cólico, donde llega a recordarnos a La Bien Querida.
Ya sea desde la emoción contenida de Liberdade ambigua a las guitarras retorcidas, a lo Marc Ribot, de Zocos, Costuras juega con toda clase elementos y herramientas instrumentales, a la hora de gestar una escucha repleta de recovecos y matices, en la que, por encima de todo, destaca el memorable estribillo desplegado en Creo; desde ya, una de las canciones que deberían ser recordadas cuando se haga balance de lo que será este 2021.
Tampoco anda corta de intensidad contagiosa la brillante Mesta néboa, penúltimo escalón antes del cierre con Só con amor, exultante recitado de su imaginario poético, cuajado en emotivo crescendo, cosido con atmosférico deje soul, y que cierra tan notable crecimiento musical de una artista que destila confianza y pasión en todo lo que hace.